viernes, 2 de noviembre de 2007

Vida

Si pudiesen mis pies

recorrer el camino,

de la senda ensangrentada de la vida.


Si no temblaran mis manos

al apuntar a los que quedan en el camino.

Si mi alma no se quedara con cada hombre y mujer,

que yace en el suelo.


Si pudiese tomar cada fruto

y regalarlo;

y aprovecharlo.


Si cada hombre pudiese,

recorrer el camino de la senda ensangrentada,

sin vendas,

alzados en la misericordia del perdón

y de disfrutar de los otros.


Triste camino;

necesario de cruzar,

cada desmayo hace ver lejano el final...


Si pudiese ver el final,

de este camino ensangrentado;

un sueño; la promesa del fin,

que me hace creen en ellos;

y en mi.


Si aquellos que cruzan la senda con rapidez,

pudiesen ver como crecen las flores por la mañana.


Y por eso marchas;

nuestro único final:

iluminar la senda

de este miserable camino.

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