Si pudiesen mis pies
recorrer el camino,
de la senda ensangrentada de la vida.
Si no temblaran mis manos
al apuntar a los que quedan en el camino.
Si mi alma no se quedara con cada hombre y mujer,
que yace en el suelo.
Si pudiese tomar cada fruto
y regalarlo;
y aprovecharlo.
Si cada hombre pudiese,
recorrer el camino de la senda ensangrentada,
sin vendas,
alzados en la misericordia del perdón
y de disfrutar de los otros.
Triste camino;
necesario de cruzar,
cada desmayo hace ver lejano el final...
Si pudiese ver el final,
de este camino ensangrentado;
un sueño; la promesa del fin,
que me hace creen en ellos;
y en mi.
Si aquellos que cruzan la senda con rapidez,
pudiesen ver como crecen las flores por la mañana.
Y por eso marchas;
nuestro único final:
iluminar la senda
de este miserable camino.
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