Vuela, cántale al sol de las sombras,
blanca en la oscuridad de la niebla.
Vénceme con esa piel despierta
abandona el sueño cansado de tus ojos.
Ciérralos lentamente. Mírame mujer.
Palpa mi alma vacía.
Arde la osadía en el coraje,
aun puro en el centro de tu esencia;
desnúdate en aceite intenso,
embriágame mujer. Acerca esos labios
pequeños como el cuerpo,
aquel cuerpo que rodea tu alma.
Lucha en el camino de nuestra felicidad
inquiétame en esos momentos. ¡Tan nuestros!
Dame palabras secas al oído,
báñame en ese aroma tan tuyo.
Dame el fruto.
Tu transpiración. Tu piel en aceite.
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